martes, 12 de enero de 2010

INOLVIDABLE!!!! Julio Gutierrez

En la vida hay amores
que nunca deben olvidarse
imborrables momentos
que siempre guarda el corazón.

Pero aquello que un día
nos hizo temblar de alegría
es mentira que hoy pueda olvidarse
con un nuevo amor.

He besado otras bocas
buscando nuevas ansiedades
y otros brazos extraños me estrechan
llenos de emoción.

Pero sólo consiguen hacerme
recordar los tuyos
que inolvidablemente,
vivirán en mí.

sábado, 9 de enero de 2010

TODO ES LUZ !!! Agustín F. Cuenca

Todo es luz aves aromas
fuego el sol llanto el rocío
flores el juncal las pomas
roja grana las palomas
blanca nieve espuma el río
la oscura selva rumores
el torrente centelleos
de divinos resplandores
la alameda ruiseñores
los ruiseñores gorjeos.

ROMANCE DE LA TARDECITA!!!! Fernán Silva Valdés

La tardecita se esconde
bajo el ala de los pájaros;
del sol sólo queda una
resonancia en colorado.
Se apagan las enramadas
tendidas en cuatro palos;
se iluminan las guitarras
como las llamas de los cantos,
y en los lustrosos palenques
una fila de caballos
está mascando la plata
de la luna del verano.


Es un poeta uruguayo, y digo es, porque los escritores nunca mueren.
Si eres oriental no puedes no haberlo leído en tus libros de lectura, pero los manuales argentinos también los tenían.
Lo recuerdas? Te volviste niño? Qué bueno!!!!!!

¡ARBOL FELIZ!!!!!! Enrique Banchs

¿Qué es esto: ayer no más árbol desnudo
y seco, abandonado, inmóvil, mudo,
de nuevo al cielo azul joven te elevas,
pomposamente lleno de hojas nuevas?

Y aquellas ramas rotas que tenías,
y aquellas hojas secas que veías
como instantes caer, ¿ adónde han ido?
Tanto antiguo dolor ¿desvanecido?

Bajo la maravilla de hojas verdes,
no lloras lo que pierdes;
retoñas en la misma cicatriz
y flor se llama lo que fue quebranto...
Comprendo cono puedes vivir tanto,
¡árbol feliz!



De "La urna", 1911

EL CABALLO Y EL CIERVO!!! Félix María Samaniego

Perseguía un caballo vengativo
a un ciervo que le hizo leve ofensa;
mas hallaba segura la defensa,
en su veloz carrera fugitivo.

El vengador, perdida la esperanza
de alcanzarlo y lograr así su intento,
al hombre le pidió su valimiento,
para tomar del ofensor venganza.

Conciente el hombre; y el caballo airado
sale con su jinete a la campaña;
corre con dirección, sigue con maña,
y queda al fin del ofensor vengado.

Muéstrase al bienhechor agradecido;
quiere marcharse libre de su peso;
mas desde entonces mismo quedó preso,
y eternamente al hombre sometido.

El caballo que suelto y rozagante
en el frondoso bosque y prado ameno
su libertad gozaba tan de lleno,
padece sujeción desde ese instante.

Oprimido del yugo ara la tierra;
pasa tal vez la vida más amarga:
sufre la silla, freno, espuela, carga,
y aguanta los horrores de la guerra.

En fin,perdió la libertad amable
por vengar una ofensa solamente;
tales los frutos son; que ciegamente,
produce la venganza detestable.


De "Trozos de literatura española" tomo II

jueves, 7 de enero de 2010

MECIENDO!!! Gabriela Mistral (chilena)

El mar sus millares de olas
mece, divino.
Oyendo a los mares amantes,
mezzo a mi niño.

El viento errabundo en la noche
mece los trigos.
Oyendo a los vientos amantes,
mezo a mi niño.

Dios padre sus miles de mundos
mece sin ruido.
Sintiendo su mano en la sombra
mezo a mi niño.


de Ternura

CRECIENTE!!! Alfredo Bufano

Lento bajaba el río como siempre,
entre sauces, arabias y jarillas.

La tarde estaba quieta en las montañas,
azul y quieta, como adormecida.

Mas poco a poco, grandes nubes negras
de las cumbres, fantásticas, surgían,
se abalanzaban por el cielo claro
como una loca y trágica tropilla;
y sobre el monte cárdeno y los árboles
torva zalea entretejiendo iban.

Rompió el trueno montés su gran matraca
contra la cordillera anochecida;
y el relámpago abrió su rosa inmensa,
roja, morada, verde y amarilla.
Rompió a llover. Rompió a llover en forma
que el cielo con la tierra se perdía.

El sonoro Diamante fue ccreciendo
y al rato era una sierpe enloquecida
que iba hinchando su lomo tenebroso
hasta romper bramando las orillas.

Sobre las turbias, poderosas aguas,
como si fueran deleznables briznas,
boyaban algarrobos y chañares,
matas de jumes, zampas, altamisas,
y cuanto halló al pasar la inmensa boa
que de la cumbre al llano se extendía.

Pasó el instante de terror. Ahora
como una agreste y dulce margarita,
sobre el cuadro cerril recién pintado
la clara estrella de la tarde brilla.


Presencia de Cuyo, 1940